Un sofisma es una mentira perversa, ya que es una trampa que se hace al intelecto del interlocutor, ocultando las verdaderas intenciones con un aparente argumento en el que se utilizan principios que no vienen al caso. Éste es el caso con la cansina polémica de la imposición lingüística en el doblaje del cine.
Vamos a empezar por lo que en un principio sería una obviedad, pero que nuestros entrañables nacionalistas procuran confundir para sus intereses: el cine no es un derecho -ni lógicamente un deber-, como puede ser la sanidad o la vivienda ya que las autoridades públicas no tienen la obligación de facilitar su acceso a los ciudadanos. Es sencillamente una opción de ocio como el esquí, jugar al tute o irse de copas, lo cual, lógicamente, está sujeto al mercado. También es una manifestación artística, por supuesto, en lo cual, efectivamente, las autoridades públicas sí que tienen la obligación de promocionarlo. Ahora bien, espero que todos estemos de acuerdo que American Pie IV no es una manifestación artística ni, a su vez, lo es el doblaje.