Carta al futuro

Silvia Cristina Sanz Encabo

Los deseos del joven muestran las futuras virtudes del hombre.

—Cicerón.

Esto es importante.

Las siguientes palabras no van dirigidas a las actividades. No van para ellas porque no escribo para hacer saber lo supermegaultracool que fueron.

Me concedo un alarde de sinceridad cuando digo que para ésto no deberíamos molestarnos ninguno de nosotros, es harto sabido, que la experiencia y las actividades han sido sencillamente fantásticas y no dedicaría una sola palabra a n de reiterar lo ya sabido.

Ya objetivamente…

¿A quién no le interesa y le es útil una ponencia sobre expresión y comunicación verbal?

¿A quien de los presentes no podía entusiasmar el debatir, poner en común y discutir sobre asuntos sociales de su ámbito de interés o conocimiento?

¿Quién no puede decir que las palabras de Pedro García Aguado fueron inspiradoras?

¿Quién no pudo disfrutar locamente con el CineForum de sábado a las 10:00 de la mañana después de nuestras bien merecidas tres horas de sueño?

– por favor, no os agolpéis todos a levantar la mano y a asentir frenéticamente. Gracias .-

Bueno, claramente es que podría dedicarme a describir con mayor o menor grado de exactitud todas y cada una de las actividades que realizamos, todo lo que aprendimos, como lo aprendimos, pero no.

Tampoco me dedicaré a eso, no hoy. Y no por más de que las actividades en sí, aun siendo importantes, en puridad no lo son ni es lo que me trasmitió el Campus en último término, y por ende no fue, al menos no para mí, la verdadera esencia de éste.

Porque, ¿cuál fue la clave en todo esto?
¡Vale, sí! ¡En efecto! Me voy a dar el lujazo de permitirme un topicazo de manual.

Vosotros

Si me voy a molestar en dedicar un rato de mi tiempo a escribir esto, es por vosotros, los que estuvisteis esas tres jornadas de intenso trabajo compartiendo junto conmigo todo lo que vivimos.

Aprender y adquirir los conocimientos es importante, si bien en este momento, cuando estás rodeada de personas como vosotros con quien compartirlo, es esto último, el mero hecho de compartirlo lo que se torna y emerge como realmente trascendental. Y por tal, que sí, vosotros y la ilusión que transmitíais a cada palabra, cada gesto, cada risa, sois el verdadero quid de todo esto. Porque estábamos en el Campus haciendo cosas útiles tanto para aquellos que pudieren desear dedicarse a la política como para los que no. Pero lo que siempre se vivió fue entusiasmo. Y lo extraordinario de todo, un entusiasmo

constructivo.

Gente joven, con ideas nuevas, con energías, con ganas, con vocación de cambio, con anhelo de vanguardia, con la aspiración de mejorar una situación que aunque no nos convence no perdemos la fe en luchar y batallar. Una lucha con osadía y valor pero con valores, una lucha con madurez, razón y sensatez pero con frescura.

Una frescura cuya máxima expresión se encuentra en la manifestación de diferentes opiniones de entre nosotros, muy diferentes en algunos puntos, pero defendidas con criterio, con lucidez, y, esto es lo más importante, siempre con respeto. Un respeto que llevaba a un verdadero diálogo, un diálogo que desde la discordancia llevaba a la construcción. Un debate constructivo que en otros ámbitos luce por su ausencia y que en todo momento se pudo disfrutar en esos tres días.

Y es que eso fue lo realmente fascinante de la experiencia. El ambiente, la buena energía, todo lo que se respiraba entre actividad y actividad. El afán de progreso y las ganas de crear, llevan a aprender, a compartir, y a crecer.

Esto no es política, es un campus político sí, pero no creamos partido, se crea grupo. Se
crean lazos, se crea la sensación y conciencia de que compartimos los valores y la forma que tenemos de entender la sociedad y la convivencia. La percepción de que el desarrollo en esta sociedad al nal se rige por los mismos pilares de consenso y entendimiento. Así usaré en este punto la que en mi opinión fue de entre otras muchas una de las ideas claves del campus, Hans Maes lo expresó, y yo lo hago mío ahora, somos más que un partido, somos un grupo, creamos grupo, un grupo con ideas que defenderemos unos en la vida política o pública, otros en la privada, pero siempre sabiendo que hay compañeros y amigos que sienten y perciben el funcionamiento de la sociedad desde los mismos parámetros. Podríamos llamarlo política, pero en realidad es algo palpablemente más grande.

Y es que, puede sonar cursi, pero es cierto que me disteis esperanza.

Esperanza… por ver personas que, como yo misma, tienen el sueño de cambiar las cosas. Esperanza… por ver personas con las que compartir un objetivo.
Esperanza… por ver personas que, aún teniendo diferentes ideas, piensan de la misma forma Esperanza… porque vi futuro.

No vi jóvenes, no vi juventud, términos sesgados, lacrados, y en muchos casos expoliados de signi cado por el uso tan abusivo que en ocasiones se ha hecho de ellos. Pre ero decir, y puedo decir que lo
que vi… fue futuro.

Un futuro brillante, plagado de talento y de carisma. Eleanor Roosevelt apuntó una vez que «el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños» y chicos, visto lo visto, el futuro nos pertenece, porque tenemos sueños, y efectivamente creemos en su belleza.

Un futuro que ya está presente, que viene con fuerza, haciendo ruido, imponiendo respeto, porque el futuro es hoy. Lo vemos, lo sabemos y lo sentimos. El Campus demostró que este futuro es ahora, somos nosotros y lo estamos haciendo juntos.

¡Nos vemos en el próximo Campus!

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