Opinión Jcs

¿En qué punto nos encontramos las mujeres en España?

Esther Zorzano Gimeno - 12/12/2018 @ 00:00

Las cifras de violencia de género suponen una mancha en el expediente del país más solidario del mundo, el techo de cristal no permite que las mujeres asomemos la cabeza por los Consejos de Administración (ni siquiera en el Alto Funcionariado del Estado) y los micromachismos y los roles de género conviven entre nosotros enmascarados en un halo de normalidad que nada tienen de “normal”.

Son innegables los grandes avances que se han conseguido en materia de igualdad desde los principios de nuestra democracia, pero estamos todavía muy lejos de conseguir la igualdad real y plena entre mujeres y hombres.

Sin embargo, pese a la supuesta voluntad común de todas las mujeres en España de derrotar al sexismo impregnado en nuestra sociedad, la realidad social muestra que, desde luego, no vamos todas hacia la misma dirección. Mientras una pequeña parte del feminismo decidió poner la causa al servicio del populismo el pasado 8 de marzo, otras nos vimos cuestionadas como mujeres por no defender los principios establecidos en un Manifiesto con argumentos ideológicos que precedió a una huelga que, más que feminista, fue todo un acto partidista.

Es evidente que el feminismo no puede constituir un “todo”. Cada mujer vive en unas determinadas condiciones, en diferentes realidades sociales y con pensamientos tan diferentes como individuas entre sí.

Ahora bien, el feminismo es una lucha que nos concierne a todos y no debe excluir a nadie. El feminismo no puede y no debe ser entendido como una representación de sólo una parte de la sociedad. Baste decir que el feminismo debe ser promulgado y practicado por todos (incluyendo a los hombres). Pero tampoco puede suponer que las ideas de ciertas fracciones (feministas radicales) deban ser consideradas como la máxima del movimiento.

Cada mujer es dueña de sí misma, de su pensamiento, de su cuerpo, de sus decisiones para afrontar la realidad que le rodea. Por eso, hay que defender un feminismo liberal, plural, y abierto a todas las mujeres.

Y es en la libertad individual de donde surge el problema. El feminismo radical se empeña en tachar de anti feministas a aquellas mujeres que no comulgan con sus preceptos, tratando de imponer su criterio.

En un país donde se lucha por conseguir el derecho a una muerte digna, todavía hay sectores (¡dícense feministas!) que están en contra de legalizar la gestación subrogada. ¡Queremos que se permita la  opción de morir dignamente pero no la de crear vida! ¿Cómo puede una mujer decirle a su semejante cómo debe pensar o qué puede o no puede hacer con su cuerpo?

Las feministas radicales han venido a decirnos cómo debemos pensar como mujeres, como grupo. Su discurso llega tarde y con cierto aire de pasado.

NOSOTRAS, las feministas liberales, creemos que la igualdad real se consigue con políticas públicas y medidas reales, no con eslóganes sectarios ni detrás de pancartas; nosotras defendemos el Derecho a la igualdad real entre mujeres y hombres y el derecho de cada mujer, como ser humano, a disponer de su mente y de su cuerpo, luchando para que nuestra dignidad no pueda ser arrebatada por nadie, ni siquiera, por otra mujer.

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