Opinión Jcs

Educación y libertad de pensamiento

David Trilla Rodríguez - 21/02/2018 @ 12:00

Nuestras ideas, las ideas de la humanidad, siempre han viajado más rápido que nuestra
capacidad de articularlas. Cuando los historiadores del futuro examinen la situación humana a
inicios del siglo XXI, subrayarán con importancia cómo la rápida expansión tecnológica, entre
todos sus beneficios, otorgó un regalo envenenado a las democracias. La economización de la
mentira.

En una democracia utópica, basamos nuestro progreso en una elección teóricamente
meritoria, a través de la información. ¿Cuál es entonces, el mecanismo de defensa del hombre
del siglo XXI, frente a la neblina del desconocimiento que obscurece esta información,
haciendo de mentiras verdades y de verdades mentiras? Existen pues dos estrategias.
Continuismo o Adaptación.

La primera estrategia ya la conocemos, consiste en un mecanismo sencillo que aplicamos de
manera subconsciente, un muro mental sin grietas. Existe uno o diversos comités de la verdad,
un partido político, un canal de información preferido, un gobierno, al cual cada uno de
nosotros se adhiere mentalmente y construye su marco mental alrededor de él. Sin fisuras, sin
dudas.

La segunda estrategia es más compleja, pues requiere luchar contra nuestra propia biología,
contra nuestros propios sesgos. En este escenario no hay comités de verdad. Todo son
probabilidades de certeza. Cada individuo, de la observación obtiene hipótesis sobre el
funcionamiento del mundo, estas hipótesis son después contrastadas contra la evidencia de la
realidad.

Dos importantes conceptos se derivan de la segunda estrategia. Primero, Escepticismo,
delante de nuevas ideas, no importa de donde vengan, la probabilidad de falsedad nunca es
nula. Segundo, y tal vez más importante, el individuo debe reconocer que puede estar
equivocado, en cualquier momento, sobre todo lo que conoce. El paralelismo con el método
científico es inevitable. El Pensamiento Crítico es una herramienta fundamental para la
sociedad y la humanidad del siglo XXI y nadie debería escapar de él.

Una sociedad que florece bajo los avances tecnológicos no puede ser desconocedora de cómo
éstos operan, y lo mismo sucede para los avances sociales, que deben ser objeto de un
exhaustivo análisis racional por cada uno de sus ciudadanos. De otra manera, el voto y
responsabilidad de estos ciudadanos se sustenta en arenas movedizas. La ignorancia es
felicidad cortoplacista, el conocimiento certero evitará el engaño.

Es hora pues de implementar estos conceptos antes que sea demasiado tarde, pero ¿Cómo?

La solución, como siempre y en tantas otras cosas, se encuentra en la educación. El momento
en que se le otorgan las herramientas necesarias al ser humano para tomar decisiones
conscientes. En un mundo cambiante de infinitos conocimientos, estas decisiones deben ser
adaptables y respaldadas con dosis de raciocinio y consistencia. Actualmente, esas
herramientas que se nos otorga están obsoletas.

La educación moderna, debe presentar la fábrica de la naturaleza y la sociedad como
cambiante y adaptable, y debe asumir incertidumbres. Ésto implica tolerar visiones
alternativas, que choquen directamente contra los marcos mentales de cada uno. La libertad
de pensamiento se desprende directamente del Pensamiento Crítico y del Escepticismo, pues
sólo un ser humano que admite que puede estar equivocado mostrará tolerancia a otras
explicaciones sobre el funcionamiento del orden natural y social.

En resumen, la sociedad avanzada requiere de mujer y hombre del siglo XXI cuya naturaleza
sea el escepticismo científico. Estos conceptos deben formar parte de la enseñanza para que
en etapas más tardías pueda existir libertad de pensamiento y progreso humano.

 

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